REPTILES Y ANFIBIOS
La poca diversidad de fauna propia de los páramos se debe
a que ésta tiene que desarrollar adaptaciones especiales para soportar el frío,
la sequedad del aire y la disminución del oxígeno.
Los anfibios y los
reptiles son ectodérmicos no producen cantidades significativas de calor endógeno y debido a su reducido costo energético de
manutención, son considerados sistemas de baja energía, que exhiben tasas
metabólicas bajas y alta eficiencia en la conversión de energía. En el páramo
se deben adaptar a temperaturas críticas, pero por su forma y tamaño tienen
acceso a una gran variedad de microhábitats, donde se presentan condiciones más
favorables de temperatura. Por esta razón suelen encontrarse debajo de las
rocas, grietas, axilas de las hojas de las plantas en roseta y en la biomasa
muerta de los frailejones.
Los reptiles
tienden a regular su temperatura corporal utilizando fuentes externas de calor.
Para desarrollar su actividad, deben mantenerse por encima de los 30°C, por lo
que invierten considerables cantidades de tiempo en el aprovechamiento de la
radiación solar directa y en el desplazamiento entre las zonas con iluminación
intensa.
A diferencia de los reptiles, los anfibios evitan el
sobrecalentamiento. La mayoría de estas especies acepta pasivamente las
fluctuaciones térmicas o limita su actividad si las condiciones ambientales
dejan de ser apropiadas; hay especies heliotérmicas se exponen al sol para aumentar la
temperatura corporal , que producen compuestos en la piel, de carácter seroso,
para disminuir la pérdida de agua; otras se termorregulan desplazándose bajo
las rocas en días soleados y en los fríos se mantienen entre la vegetación,
bajo los gruesos colchones de musgo o en la hojarasca, lugares que tienen
temperaturas superiores a la del medio. Otra característica que facilita la
vida de los anfibios es su tasa metabólica relativamente baja; la poca energía
utilizada en su ciclo vital les ha permitido habitar en todos los lugares de la
Tierra, con excepción de las zonas polares.
El grupo de anfibios que habita el páramo ha desarrollado
una gran plasticidad evolutiva, propia de su fisiología termal y metabólica,
que les permite desarrollar actividades a temperaturas bajas; la rana HYLA LABIALIS, a los 3.500
msnm, puede nadar en aguas que tengan entre 5 y 30°C. Otra característica
sorprendente de varios anfibios del páramo es su capacidad para croar
intensamente a bajas temperaturas, puesto que esta actividad demanda grandes
inversiones de energía. Tales adaptaciones han evolucionado de manera
independiente en las diferentes familias, por lo que existe mayor diversidad de
anfibios que de reptiles en los páramos.
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